Cuando te cobran una millonada por algo que no lo vale, dejas el hígado en la cuenta.
Se usa cuando alguien te quiere cobrar carísimo algo que no lo vale, como si te estuvieran viendo cara de turista despistado. Es ese momento en que mirás la cuenta y pensás que te están metiendo la mano al bolsillo con una sonrisa. Y sí, da rabia pero después da risa contarlo.
Cuando subís a un taxi y el taxista te manda la tarifa como si estuvieras pagando el rescate del Titanic.
Se dice cuando te meten un aumento bestial en una tarifa o en una boleta de servicios, de esos que te dejan mirando la factura como si fuera una joda. En Argentina se usa mucho en política y en la calle para quejarse de subas de luz, gas, agua o transporte. Duele, pero la palabra tiene su encanto dramático.
Se usa cuando te clavan un precio ridículamente alto por algo que debería ser barato, y sales del sitio con el bolsillo temblando y cara de estafa. Es como decir que te metieron un sablazo con ganas, típico comentario cuando todo está carísimo y uno ya no sabe si reír o llorar, aunque a veces da risa de lo absurdo.