En Iquitos se usa para hablar de un negocio medio turbio, que parece legal pero huele raro desde la esquina. Es ese local donde todo está “en regla”, pero tú sabes que algo se cocina por debajo de la mesa. No es crimen hardcore, pero tampoco es la bodega más santa del barrio, y justo ahí está la gracia.
En Loreto se usa para decir que alguien está amargado, con cara agria o de pocos amigos, igualito que el sabor del tamarindo cuando no le echas azúcar. Es esa persona que siempre está renegando de todo y te corta el buen rollo con solo mirarte. Y hay que admitir que la comparación es bastante gráfica.