Expresión campechana para cuando alguien liga, conquista o se consigue pareja casi sin buscarlo, como si se encontrara algo chido tirado en el suelo. Es como decir que tuvo suerte en el amor y se llevó un premio inesperado. Suena inocente, pero trae su picardía escondida, y la banda la usa con bastante cotorreo.

"No manches, el Toño fue nomás por las chelas a la kermés del barrio y regresó agarrado de la mano de una morrita, ese vato sí que recogió un chicle sin querer queriendo."

En Madrid se dice cuando, sin comerlo ni beberlo, te comes un marrón inesperado o te metes en un lío por pura mala suerte. Como cuando pisas un chicle y se te queda pegado en la suela: no lo buscabas, pero ahora te lo llevas contigo un buen rato. Muy de quejarse y seguir tirando.

"Iba yo tan pancho a por el café y, por ayudar al jefe con una tontería, recogí un chicle y acabé cerrando el marrón del inventario hasta las mil."

En Valencia se dice cuando alguien se te pega sin invitación y ya no hay manera de quitártelo de encima. Aparece en una quedada, en un plan tranquilo o en un evento y se queda como si fuera parte del grupo de toda la vida. Vamos, el típico que cae de rebote y se acopla. Y encima tan pancho.

"Estábamos en el casal con unas birras y de repente cayó el primo de Javi. Nadie lo llamó, pero recogió un chicle y acabó en la paella, pidiendo postre y llevándose el pan."

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