En Campeche le dicen pirix a la persona novata, inexperta, que apenas va agarrando el rollo y todavía anda medio perdida. Es como el pollito recién salido del cascarón que quiere correr antes de saber caminar. Suena tierno, pero también es carrilla ligera, de esa que se aguanta con una sonrisa.
En Medellín se le dice pirix al que siempre se las arregla para no pagar cuando llega la cuenta. Se hace el simpático, mete cuento, se desaparece justo a tiempo o se hace el loco, pero soltar plata, jamás. Es el típico que vive de la vaca ajena y todavía se ofende si le cobrás.
Se le dice a alguien que se monta unas películas tremendas y convierte cualquier tontería en un drama de telenovela. Donde tú ves un detalle sin importancia, esa persona ve señales, conspiraciones y un culebrón con tres temporadas. Es como ser guionista del drama vital, pero sin cobrar. En Sevilla se suelta con guasa y un poco de cachondeo.
En Bogotá se le dice pirix a alguien medio rarito o alterno, el que se viste y actúa diferente y no le da pena. Puede sonar a burla, pero también a cariño, como cuando tu parche tiene un mancito bien peculiar. No es tanto por mezclar música, es más por la pinta y la vibra.
Se dice de la persona que se cuela en fiestas, eventos o reuniones sin invitación y encima lo hace con una seguridad que parece que sí lo esperaban. Entra, saluda, agarra refresco y hasta opina del DJ. Es el colado profesional del Bajío, medio ninja social, medio caradura con talento.
Se dice de la persona que va de pija y de marca, pero canta a la legua que todo es del mercadillo o imitación baratuna. Mucha pose, poco presupuesto. No es solo llevar falso, es la actitud de fardar como si fueras VIP y que se te vea el cartón. Tiene su puntito cruel, pero es bastante común.