Se dice cuando alguien deja ver su verdadera cara, normalmente la fea: se le sale el genio, la mala educación o el lado más bravo. Vamos, que se le cae la careta y enseña el cobre sin filtro. Se usa mucho cuando alguien se pica por nada o cuando, con confianza, muestra cómo es de verdad.
Se usa cuando alguien deja ver su verdadera cara, mete la pata feo o queda en ridículo después de hacerse el interesante. Es como cuando el disfraz se cae y aparece el verdadero personaje, con todas sus torpezas. En Bogotá se suelta mucho para vacilar a los amigos, y hay que admitir que la expresión tiene bastante saborcito.