En el sur de Chile se usa para hablar de alguien que se manda una charla eterna, que no para nunca y da mil vueltas para contar algo simple. Es como si estuviera redactando una novela por teléfono o en persona. No es mala onda, pero sí un poco chistoso, porque a veces uno solo quería preguntar la hora.
Se usa cuando alguien se pone a escribir sin parar, como poseído por el teclado, echando chisme, descargando dramas o contando la vida entera por chat. Es esa racha intensa de mensajes larguísimos y seguidos que no dejan respirar al grupo. Y hay que admitir que a veces esas escribideras son puro entretenimiento.