En Bogotá se usa paila para decir que algo salió mal, que no hay nada que hacer o que la situación está perdida. Es como aceptar la derrota con humor, medio resignado, medio burlón. Sirve tanto para cosas pequeñas como perder el bus, como para dramas más grandes. Y la verdad, suena tan sabroso que hasta el fracaso duele menos.
En Caldas y en buena parte de Colombia se usa para decir que algo salió mal, está muy complicado o no tiene arreglo. Es como resignarse y aceptar que tocó perder, que la cosa quedó jodida. Suena suave, pero en el fondo es bien dramática, y hay que admitir que tiene su gracia cuando uno ya solo puede reír.
En Bogotá se suelta paila cuando algo salió mal, te cayó una mala noticia o quedaste metido en un lío del que no es fácil zafarse. Es como decir qué embarrada, qué mala suerte o ya fue. Sirve para resignarse, quejarse o rematar la historia con dramatismo bien rolo. Y sí, duele pero suena sabroso.
En Bogotá se suelta paila cuando algo se fue al carajo, salió mal o ya no hay nada que hacer. También sirve para lamentar una mala suerte o un plan que se dañó, tipo qué embarrada o qué vaina. Es cortita, directa y bien rola, perfecta para rematar una noticia fea.
En Cundinamarca se usa paila para decir que algo salió mal, está muy complicado o ya no tiene arreglo. Es como aceptar la derrota con humor, tipo ya fue, quedé frito en la paila. Sirve para quejarse, pero también para reírse de la mala suerte, porque si no uno llora.