En Honduras se usa para hablar de alguien que estudia un montón, que vive pegado a los libros y se mata haciendo tareas y resúmenes. Es como decir que es bien aplicado, pero con ese tono de que ya se está pasando de intenso. A veces suena a burla cariñosa, aunque también hay quien lo dice con pura envidia, la verdad.
Se usa para decir que alguien está hablando mal de otra persona a sus espaldas, tirándole chismes, criticándola o bajándole la nota delante de otros. Vamos, hacerle la camita con bochinches. En Loreto es bien común oírlo cuando alguien anda de lengua suelta y con ganas de malograrte la imagen.
En el fútbol argentino, maletear es tirarte al piso y exagerar una falta o una lesión para cortar el ritmo, hacer tiempo o enfriar el partido. Es puro teatro: te agarrás la pierna, gritás, pedís al médico y mirás de reojo si el árbitro compró. No siempre es de mala leche, pero queda bastante fantasma.
En Cauca se usa para hablar de alguien que anda de aquí para allá sin rumbo, cargando líos, chismes o ideas que no llevan a nada. Es como ir por la vida con una maleta llena de boberías, dando vueltas sin avanzar. A veces suena a regaño cariñoso, otras a crítica directa, pero siempre con ese sabor bien costeño.
Verbo de coña para hablar de alguien que viaja cargadísimo de equipaje, como si se fuera a vivir fuera en vez de a pasar dos días. Se usa mucho para vacilar al turista o al colega que llega con mil maletas, bolsas y trastos. Vamos, que no hace una escapada, hace una mudanza con ruedas.