En Ayacucho se usa para decir que alguien se hace el loco y finge que no ha visto a otra persona, todo bien calculado para evitar el saludo o la conversa. Es como activar modo sigilo social cuando no quieres cruzarte con alguien. Suena inocente, pero a veces es un arte fino esquivar gente incómoda.
En Chaco se usa lonchar para hablar de comer como bestia, mandarse un atracón épico, casi siempre en juntadas familiares con asado, guiso o lo que pinte. No es solo almorzar, es quedar pipón mal, con el botón del pantalón pidiendo auxilio. Es de esas palabras que ya te dan hambre con solo escucharlas.
En Quintana Roo se usa lonchar para hablar de comer algo rápido tipo lunch, casi siempre una torta, un sándwich o lo que se consiga en la tiendita cuando ya ruge la tripa. Viene del inglés lunch y suena medio pocho, pero la banda lo usa diario y la neta ya se siente palabra de la casa.
En Monagas se usa para decir que te vas a dar una vuelta, a pasear o a hacer plan con los panas, normalmente algo relajado y fuera de casa. No es “lonche” de comida, es más bien salir a joder un rato y despejarte. Suena bien de calle y sirve para cualquier plan improvisado.
En Santiago del Estero se usa lonchar para hablar de un almuerzo bien potente, casi siempre con asado, vino o fernet y una sobremesa eterna que termina en siesta. No es solo comer, es cortar el día al medio para clavarse un banquete con la banda. Y la verdad, es una costumbre que habría que copiar en todos lados.