Se usa para decir que alguien se ha pasado tres pueblos, que ha ido más allá de lo normal y ya roza lo ridículo o lo surrealista. Puede ser por hablar de más, por hacer el cafre o por montar un numerito innecesario. Es como cuando alguien no conoce el freno y tú piensas que igual le falta una vuelta a la tuerca.
Se usa para decir que alguien se pasó de la raya, que se le fue la mano con el chiste, la actitud o la intensidad. Es como cuando aprietas tanto la tuerca que ya no sirve y toca aflojar. Muy zuliano para señalar al que está exagerando todo y necesita calmarse un pelo, porque ya fastidia.