En Durango se usa para hablar del compa que siempre acaba bien pedo en las fiestas y ya es casi parte del mobiliario. No aporta mucho, nomás está ahí, medio tirado, como adorno humano. Es medio carrilla, pero con cariño, porque todos saben que sin ese jarrón la fiesta ni se siente igual.
En el habla madrileña se llama jarrón a la persona que está presente pero no pinta nada, como un florero humano que solo ocupa sitio. Puede ser en el curro, en una fiesta o en cualquier plan donde está por compromiso y no aporta ni conversación ni ayuda. Es un poco cruel, pero hay que admitir que a veces describe a gente muy bien.