Expresión venezolana para hablar de alguien que se la pasa adulado y adulado a otra persona con poder, todo para sacar ventaja. Es como decir que está arrastrado, que vive pendiente de caerle bien al jefe, al profe o a quien mande. Es un sinónimo más criollo de chuparle las medias, y hay que admitir que suena bien sabroso.

"Marico, deja de jalar bolas al jefe, que ya hasta el vigilante se dio cuenta y se burla de ti en la garita."

Actividad física de alto rendimiento donde alguien hace una coreografía magistral de adulaciones frente a su jefe directo, digna de un premio teatral por levantar más sentimientos que una telenovela completa.

"Fernando se mandó una rutina olímpica jalando bolas al gerente; le faltó el salto con tirabuzón cuando descubrió que era para venderle rifas del cumple."

Se dice cuando alguien se pone a adular de más a otra persona para caerle bien, ganar favores o quedar como el más querido. Es el típico lambón que aplaude todo, ríe chistes malos y se pega al que manda. Muy de oficina, de parche y hasta de familia política. Da pena ajena, pero funciona.

"Desde que Pepe le jala bolas a la mamá de Claudia, ya lo metieron al WhatsApp familiar y hasta manda buenos días con piolines para que lo quieran."

En Caracas se dice cuando alguien le hace la pelota a un jefe o a quien tenga poder, con halagos exagerados y una lambonería que da pena ajena. Vamos, el típico que se arrastra para caer bien y sacar algo a cambio. Es bien común en oficina, política y cualquier grupito con “líder”. Y sí, a veces da risa de lo descarado.

"Eduardo llegó a la reunión diciendo que el jefe era un genio y que su corbata “brillaba”. Pana, deja de jalar bolas, que aquí vinimos a trabajar y no a hacer novela."

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