Se dice cuando alguien habla fatal, sin sentido o soltando disparates, como si tuviera la lengua hecha un nudo. No es que esté borracho sí o sí, pero suele salir cuando alguien va pasado de vueltas o se pone intenso y no se le entiende ni media. En La Rioja, con vino cerca, pega todavía más.
"En la cata, tras la tercera copa, Javi se vino arriba y empezó a hablar como una bota del vino infinito y de que las uvas tienen wifi. No le entendía ni el sumiller."