En Apurímac se usa para hablar de alguien que anda midiendo todo al milímetro o exagerando cantidades mínimas para presumir. Es como cuando uno se cree rico por tener dos soles en el bolsillo. Sirve tanto para el que pesa hasta la última migaja como para el que alardea de cosas que en verdad valen poquito.
En Lara gramear es montar una rumba improvisada con lo que haya, sin mucha planificación ni lujo, pero con ganas de pasarla bien. Puede ser desde poner un cornetón en la sala con refresco caliente y hielo contado hasta armar un sancocho a medianoche. La cosa es que se prenda el ambiente, porque donde hay larense hay fiesta.
En Puerto Rico, gramear es salir a cotorrear por el barrio para pescar los chismes más frescos y el bochinche del día. No es solo hablar por hablar, es ir a enterarse de todo lo que está pasando con la gente, las parejas, los vecinos y hasta la doña de la panadería. Básicamente, ir de safari de chisme, y la verdad es que entretiene bastante.