Pasta, lana, dinero o cómo quieras llamarle a esos papelitos que siempre vuelan y nunca regresan.
En Tamaulipas decir feria es hablar de dinero, sobre todo cuando traes puro cambio o andas medio corto de lana. Es como decir varo, pero con sabor bien norteño y de diario. Se usa para quejarse de que no alcanza, para pedir prestado o para presumir que por fin cayó la quincena, que siempre se va volando.
En Guerrero, feria es una forma bien común de decir dinero, sobre todo el suelto o la lana que traes para el día a día. Puede ser desde unas monedas para el camión hasta lo que juntaste para la peda. Suena casual, de compas, y se usa un montón en la calle. Y sí, a veces duele no traer ni tantita.
En Antioquia, feria no es la de los caballitos ni la de los algodones. Es plata, billete, lucas, lo que tengas en el bolsillo para sobrevivir el día. Se usa en plan súper coloquial, entre parceros, cuando estás corto o cuando vas a invitar. Suena muy paisa y bien de calle.
En Lima, cuando alguien habla de la feria no está pensando en juegos mecánicos ni en algodón de azúcar, sino en dinero contante y sonante. Es la plata del día a día, los billetes y monedas que salvan el almuerzo, el pasaje o la chela. Básicamente, si no tienes feria, te toca mirar nomás y rezar por fin de mes.
En Perú, feria es la plata en efectivo, esos billetes y monedas que vuelan más rápido que chisme en combi. Si alguien dice que no tiene feria, está oficialmente misio, sin un mango. Es la típica palabra que sale cuando toca pagar la chela, el menú o el pasaje y el bolsillo suena más vacío que estadio en tercera división.