Se dice en plan irónico cuando alguien está tan pálido, tan desmejorado o con una pinta tan rara que parece que no es de este mundo. Puede ser por no ver el sol, por estar hecho polvo o por ir con cara de susto. Es como soltar: colega, te falta calle y vitamina D. Y sí, tiene su mala leche.
Se le suelta a alguien cuando anda en la luna, medio desubicado o haciendo cosas sin sentido, como si el cerebro se le hubiera quedado pegado y tocara reiniciarlo. Es una burla amistosa, no para humillar, más bien para decir: mae, ¿qué te pasa? Y sí, tiene su gracia cuando alguien se pone en modo automático.
Se suelta en plan coña para decir que alguien está demasiado metido en el rollo tecnológico, con cacharros, apps y domótica para todo, como si viviera enchufado a un sistema raro. También puede sonar a paranoia simpática, tipo que el gobierno ya le tiene fichado. Vamos, que su casa parece una nave y él el piloto.
Se le dice a alguien cuando está tan pasado de rosca, manija o descontrolado que ya no entra en lo normal. Puede ser por la joda, por decir cualquiera o por hacer cosas absurdas que dan vergüenza ajena y risa a la vez. Es medio elogio, medio bardeo, y suele venir con un buen gesto de no poder creerlo.
Se le dice a alguien cuando anda bien perdido, desorientado o medio alborotao, como si se le hubiera ido la señal y necesitara reiniciarse. Puede ser por sueño, estrés, jangueo, par de palos o simplemente porque está en otra. Es vacilón, pero también sirve para decirle que se ubique ya.
Se usa en Cuba para decir que alguien está metido en tremendo problema, en cosas turbias o en un lío tan serio que ya casi casi es asunto de la policía o de las autoridades. Es como avisar que la persona está pasada de rosca y que, si sigue así, va a terminar fichada. Y la verdad, suena fuerte pero tiene su gracia.