Se le suelta a alguien cuando está durísimo, ya sea porque es fuerte y aguanta lo que le echen, o porque se pone terco y no hay forma de hacerlo cambiar de idea. Vamos, que es como hablarle a una piedra: ni con ruegos, ni con presión, ni con nada. Útil y medio desesperante.
"Mano, le dije que no tome más, pero ni caso. Está hecho una roca, terco como mula, y encima se ríe el condenado."