Se usa en La Rioja para decir que alguien está empanado, en su mundo, sin enterarse de nada de lo que pasa alrededor. Es como cuando te hablan y tú con la mirada perdida pensando en las musarañas. Viene a ser el primo riojano de estar en la luna de Valencia, y hay que admitir que suena bastante simpático.
Expresión empleada para referirse al trance místico en que entras después de tres horas dando clases de guitarra en la feria, pero siendo incapaz de tocar otra cosa que no sea 'Despacito'.
Dícese de aquel que está filosofando sobre la existencia mientras está atrapado por horas en un cafecito porteño viendo las idas y venidas de los transeúntes sin sacar más conclusiones que el eterno misterio del aroma a medialunas.