En esta expresión manchega, estar azul es estar deseando algo con ansia, contando los días para que pase. Se usa cuando la espera se hace eterna, como cuando miras al cielo seco esperando que por fin caiga un buen chaparrón. Es una forma muy gráfica de decir que estás impaciente perdido, y la verdad es que tiene su encanto.
Se dice cuando alguien está colgado, distraído o soñando despierto, como si la cabeza se le hubiera ido de paseo. Es una forma medio en chiste de decirle que aterrice y vuelva a lo que está haciendo. No es insulto fuerte, pero sí un tirón de orejas con tonito formoseño.
Se dice cuando alguien anda bajoneado, triste o con una melancolía que se le nota en la cara. Es como estar de capa caída, sin ganas de nada y con el ánimo por el piso. No es que te pongas azul de verdad, claro, es puro color para pintar el mood. Y sí, suena dramático, pero pega.
En Junín se dice estar azul cuando alguien está recontra borracho, tan doblado que ya ni coordina y ve todo girando. Es como estar hasta las patas, pero con un toque más dramático, casi de dibujo animado. Se usa para vacilar al amigo que se pasó de copas y al día siguiente no recuerda ni cómo llegó a su casa.
En el sur de Chile se usa para decir que alguien está aburridísimo, sin panorama, sin plata o sin nada entretenido a la vista. Es como estar pegado mirando la lluvia caer sin saber qué hacer con tu vida. Suena triste, pero también tiene su gracia porque todos hemos estado azules alguna vez.
Se usa para decir que alguien tiene un frío brutal, de esos que te dejan duro y con la cara hecha estatua. Es muy de invierno patagónico, cuando sopla el viento, nieva de costado y hasta el perro duda en salir. No es literal, nadie se pone azul posta, pero la sensación es esa, puro freezer humano.