Dormir un rato corto, una mini siesta para recargar pilas sin meterse en un sueño profundo.
Se dice cuando te pegas una siesta corta, de esas de cinco o veinte minutos, normalmente sin planearlo. Te sientas un momento, pones la tele o te tumbas y, cuando te das cuenta, se te ha ido el santo al cielo. Es suave, cotidiano y muy de andar por casa. Mano de santo.
Desconectar del mundo mientras pretendes estudiar, optimizando el poder del libro como alfombrilla para el ratón cerebral.
Se dice cuando te echas una siesta corta, de esas de 10 o 20 minutos, normalmente porque vas reventado y necesitas recargar. Es el típico plan de sofá, metro o escritorio, con la excusa de que solo cierras los ojos un momento. Spoiler: a veces te pasas y te despiertas desubicado.