Se usa cuando estás trabajando a saco, dándolo todo sin descanso y acabas reventado, con la cabeza como un bombo y el cuerpo pidiendo sofá. Es el típico momento en que vives para el curro y apenas ves la luz del sol. Y oye, a veces tiene su punto épico, pero también agota lo suyo.
Expresión usada para describir un día lleno de trabajo, cuando estás sacando adelante el negocio sin parar, prácticamente moviendo montañas y sirviendo copas al mismo tiempo.
Se dice cuando te toca trabajar a saco, sin parar ni para mirar el móvil, como si el día tuviera solo dos horas. Vale para curro de oficina, de obra o para montar un sarao en casa. Es muy de ir con prisa y con presión. Vamos, que acabas reventado y con ojeras de campeonato.