En Mérida se usa en plan broma para hablar del rollo de alguien que no para de negociar, ofrecer y convencer, como vendedor de mercado que te endulza el oído hasta que caes. Es ese modo insistente de cerrar trato a toda costa, con labia y paciencia infinita. Si te agarran con su chocolatería, ya valiste.
"En el tianguis el vato se aventó su chocolatería bien duro: me juró que la hamaca era “de lujo” y hasta me quería meter dos por una, sin soltarme."