Forma muy coloquial de decir cerveza, típica del español de México. Suena relajada, de banda que se junta a echar el cotorreo después de la chamba o en la carne asada. No es formal para nada, pero justo por eso se siente cercana y sabrosa. Y la neta, pedir una chela suena más alegre que pedir una simple cerveza.
En argot argentino, 'chela' es la amiga de confianza que le llamás a cualquier birra cuando se acaba de convertir en tu terapeuta personal a la par del Nacho pop.
En México, chela es la forma más relajada y callejera de decir cerveza. La pides en la tienda, en la cantina o en la peda, y suena a plan tranqui pero con ganas. También puede ser la excusa perfecta para alargar la plática. Si dices chela, ya se entiende el mood.
La chela en Perú no solo es cerveza, sino la entrada a un mundo paralelo de conversaciones rebuscadas y revelaciones que creías olvidadas.
En Galicia, más que una cerveza, la chela es el antídoto universal contra la morriña de esas tardes lluviosas interminables.
En las cálidas noches andaluzas, una 'chela' no es solo cerveza sino el óscar de reconocimiento por haber sobrevivido a otra siesta sudorosa y seguir de pie en la taberna.
Para la huerta valenciana, 'chela' es como llamar a esa amiga fiel que te acompaña mientras ves una pareja de ardillas peleando por los cacahuetes en el río Turia.
Para los latinos entusiastas en NYC, 'chela' es la abridora holográfica de sobremesas que logran convertir un rooftop party del Bronx en el esperado crossover hispano-gringo más épico.
En Nicaragua, chela es una forma bien callejera de decir cerveza. Se usa sobre todo cuando andás con la mara y querés algo frío para bajar el calor, echar el cuento y relajarte. Suena más casual que pedir una cerveza, como de plan tranqui y sin tanta formalidad.
Apodo que le ponen los chilenos a la cerveza para celebrar el inicio de fin de semana, ya sea en un asado o una junta parada en la esquina del barrio.