En Cusco se usa chasquear para decir que alguien come o toma algo con muchas ganas, rápido y con harto gusto, casi como si se estuviera devorando el plato. Es ese momento en que tienes un hambre brutal y lo que te sirven te sabe a gloria. Y la verdad, cuando se chasquea rico, hasta el mal humor se olvida.
En Apurímac se usa para decir algo de golpe y rapidito, casi sin filtro, como cuando te sale la frase antes de pensarlo dos veces. También puede sonar a soltar un comentario medio impulsivo o apurar a alguien con la lengua. No es “hablar bonito”, es hablar al toque. Y a veces te mete en líos.
En Jujuy se usa para hablar de la persona que se manda la comida al toque, casi sin que nadie se dé cuenta, sobre todo cuando es gratis o hay poca. Es ese que siempre está al acecho del morfi en los cumples, asados o reuniones. No es insulto grave, pero sí una cargada cariñosa que todos entendemos.
En Puno se usa chasquear para decir que algo te decepciona o te deja con las expectativas por el piso, como cuando alguien suelta una tontería y tú pensabas que iba a decir algo brillante. Es ese bajón medio gracioso, medio triste, cuando la idea o la actitud del otro no llega ni de lejos a lo que esperabas.