Se dice cuando alguien se pone a hablar y hablar, con tono de llanero sabiondo, pero al final no suelta nada útil. Es puro palabreo, cuento y humo, como pa' impresionar en la conversa. Sirve para pinchar al que se cree filósofo del llano y solo está mareando la perdiz. Tiene su gracia cuando lo dices con cara seria.
"Nando arrancó con sus chácharas de llanero en la bodega, que si la política, que si el pueblo, y al final quedamos igualitos, sin entender ni papa."