Se dice de alguien que toma café a lo bestia, sin medida, como si fuera agua. Sirve para vacilarlo un poco por andar acelerado, con los ojos abiertos como plato y la lengua a mil. No es insulto, es más bien una broma cariñosa cuando ya van tres tazas y todavía pide otra.
"Epa, Juan, tú bebes café como agua, vale. Ya vas por la cuarta y son las nueve, después no digas que no pegas un ojo en la noche."