Se dice cuando se arma un chismeo brutal y los rumores se riegan por todos lados, como si la gente no tuviera otra cosa que hacer que cuchichear. Es esa sensación de que el ambiente está cargado de habladurías y mala leche, y cualquiera suelta “data” sin saber si es verdad. Feo, pero engancha.
"En la chamba se armó tormenta de ratas y ya todos estaban con el runrún: que el jefe nuevo, que los cambios, que fulano se va. Nadie trabajó ni cinco."