En Buenos Aires se usa para hablar de la merienda, ese momento sagrado de la tarde donde se corta el día y se come algo rico. Puede ser con mate, café con leche, chocolatada, lo que pinte, pero la idea es juntarse a tomar algo caliente y mandarse unas facturas. Y la verdad, es un ritual hermoso.
En Santander se usa para decir que alguien está empanado, distraído o perdiendo el tiempo en vez de hacer algo útil. Es como estar en Babia, mirando al infinito mientras el resto del mundo va a toda pastilla. No es muy ofensivo, pero sí un toque de atención con un poco de guasa cántabra.