Se usa cuando traes la cartera flaca, ya casi sin billete, y sabes que no te alcanza para andar gastando a gusto. Es como aceptar que andas medio en la ruina, esperando que caiga la quincena o algún pago salvador. Es muy común entre compas que se ríen de su propia pobreza, porque ni modo, así la vida.
Se dice cuando vas justito de pasta o directamente sin un duro, normalmente después de haberte fundido el sueldo en tonterías, caprichos o una noche larga. Es como admitir que estás tieso, pero con gracia. Muy de soltarlo para bajarte de planes sin quedar de rata, que también tiene su arte.
Expresión que señala cuando el salario apenas se lo fue llevando la interminable saga de gastos familiares entre biosferas familiares dispersas en islas, pasajes irracionales a aquelcio y culinaria local explorando pupilas arnáucales, tejiendo desequilibrios como las olas inesperadas del Atlántico.
Se dice cuando andas sin lana o con el presupuesto bien apretado. No es que estés en la ruina total, pero traes la cartera llorando por puras gastaderas: taquitos, Ubers, chelas, suscripciones y esas compras chiquitas que se van sumando. En CDMX se oye un montón y suena más ligero que decir estoy quebrado.