Apodo cariñoso para una persona mayor con mucha experiencia, que ha pasado por mil tormentas y siempre sale a flote. Es ese abuelo o veterano del pueblo que tiene historias para rato y consejos sabios, aunque a veces los suelte con humor medio gruñón. Y hay que admitir que suele tener más razón que un santo.
Se usa para hablar del típico veterano del grupo, el que ya vio de todo y tiene mil historias guardadas. Puede ser con cariño o con un poco de sorna, como diciendo que es un zorro viejo que no se come ningún cuento. Suena a respeto, pero también a chicana amistosa, y la verdad es que tiene bastante onda.