En Sucre, tramo no es un pedazo de carretera, sino ese ratito extra que le exprimes a un plan cuando ya se debería haber acabado. Es como decir sigamos un poquito más, alargando la gozadera sin remordimiento. Se usa mucho cuando la tarde va buena y nadie quiere irse todavía, porque cortar la diversión de golpe es casi un crimen.
En Mérida, tramo no es solo un pedazo de calle, también se usa para hablar de un rato de relajo chido con la banda. Es ese momento en que la peda agarra sabor, todos andan en la misma sintonía y la noche se pone sabrosa. La neta, cuando se arma buen tramo nadie quiere que se acabe.
En Boyacá, decir un tramo es hablar de un ratito, un pedazo corto de tiempo o incluso una distancia breve. Sirve para pedir paciencia o para decir que algo es rápido, sin tanto drama. Vale para el tintico, para esperar a alguien o para caminar un poquito. Suena bien campesino y bien querido.
En el sur argentino se usa para hablar de una parte del camino, pero no es cualquier pedacito. Un tramo puede ser horas de ruta recta, viento que te sacude el auto, guanacos cruzando cuando menos lo esperás y mates que van y vienen. Decir que falta un tramo es casi una filosofía patagónica, y hay que admitir que tiene su encanto.
En el sur de Chile se usa tramo para hablar de un momento en que quedas ido, colgado, como en blanco total. Estás presente físicamente, pero tu mente anda paseando por Plutón. Sirve para cuando alguien se queda pegado mirando la nada o no pesca nada de lo que le dicen, y la verdad es que pasa más de lo que uno admite.
En Chile, un tramo es un pedazo de recorrido, la parte entre dos puntos. Puede ser distancia o tiempo, pero casi siempre suena a ese cachito que todavía te falta caminar o aguantar antes de llegar. Se usa harto en la calle, sobre todo con transporte, como cuando te bajas del metro y aún queda el tramo pesado. Bien chileno.