Se dice cuando alguien suelta una crítica o una rajada con arte, con ese puntito navarro de vacilar sin mala leche. No es insultar por insultar, es dejar el recado bien puesto, con gracia y a veces hasta con cariño. Vamos, que le metes caña a alguien, pero con estilo y sin montar bronca.
"En el bar, Iñaki le echó la txapela al colega por llegar tarde otra vez y, entre risas y pacharán, acabamos aplaudiendo como si fuera un monólogo."