En Mérida se le dice milagroso a la persona que siempre llega tarde, la riega seguido o se esconde del trabajo, pero nunca la corren ni le cae un regaño serio. Es como si tuviera un santo muy chambeador cuidándole la espalda. La banda lo usa medio en burla, medio con envidia, porque al final el vato siempre se salva.
En Perú se le dice milagroso a la persona que aparece justo en el momento clave, casi como caída del cielo. A veces es el que llega cuando todo está hecho y se hace el loco con la chamba, y otras es el que cae a salvar la situación. Depende del tono, puede ser cariño o pura tirada de barro, y eso tiene su gracia.