Se usa para hablar de un cambio brusco y sorprendente en una situación, como cuando todo se pone patas arriba de repente y nadie se lo veía venir. También puede referirse a alguien que cambia de opinión o de bando muy rápido, pegando un giro que deja a todo el mundo con cara de póker. Y oye, la palabra tiene su gracia.
Se usa para describir ese madrazo de calor que te pega en la cara cuando sales a la calle y el sol está brutal, como cuando abres una bolsa de tortillas recién hechas y te llega el vaporazo directo. Es muy gráfico, muy norteño y perfecto para quejarse del clima infernal con un poco de humor.