Ser atrevido o descarado en situaciones inapropiadas.
Se dice de alguien que tiene una cara dura tremenda, de esos que piden, exigen o se cuelan sin cortarse un pelo. Vamos, que va con un morro que no le cabe en la cara y encima se queda tan pancho. Suele usarse para criticar la jeta ajena, aunque a veces da hasta risa.
Se dice de alguien que tiene una cara dura tremenda, que pide, exige o se cuela con un descaro que flipas, como si no pasara nada. Vamos, que va sobrado de morro y le da cero vergüenza. En Madrid se suelta mucho para rajar con cariño o con mala leche, según el día.