En Andalucía se usa tarifar como calcular o echar cuentas de lo que te vas a gastar, sobre todo en fiestas, ferias o tapeos largos. Es como hacer números mentales antes de que la cartera se quede tiesa. Tiene su punto de arte, porque el que tarifa bien disfruta a tope sin acabar pidiendo dinero prestado al colega de turno.
En Tierra del Fuego se usa para hablar de cuando te cebas comprando cosas que no necesitás, solo porque están baratas o en promo. Es como decir que te dejaste llevar por la oferta y quemaste plata al pedo. A veces da culpa, pero también tiene su gustito, sobre todo si el descuentazo estaba bueno.
En Antioquia se usa para hablar de alguien que está calculando precios, haciendo cuentas mentales o poniéndole valor a todo como si fuera comerciante de plaza. Puede ser cuando uno está regateando, mirando si le alcanza la plata o echando números todo el día. Y sí, a veces uno tarifa tanto que al final ni compra nada.
En Galicia, tarifar es liarse a discutir en plan buen rollo sobre quién paga la cuenta después de unas tapas o unos viños. Es ese pique sano de yo invito, ti non, que al final casi da para otra ronda más. Una costumbre tan sagrada como el pulpo á feira y casi igual de peligrosa para el bolsillo.
En Cojedes se usa para hablar de esa gente que le pone precio a todo al vuelo, como si tuviera una calculadora pegada al cerebro. Estás hablando tranquilo y ya te están diciendo cuánto vale cada cosa. Es muy de vendedor criollo que no pierde chance de hacer negocio, y la verdad es que hace gracia verlo en acción.
En El Salvador se usa para hablar de andar buscando la opción más barata posible, ya sea para comprar algo, comer o resolver un problema sin gastar mucho. A veces implica ser medio mañoso, meter cuento o aprovechar ofertas al máximo. No siempre es mala onda, pero sí es ir por la vida con el modo ahorro activado a tope.