Se dice cuando llegas a un lugar y, sin querer queriendo, lo pones patas arriba: llamas la atención, armas revuelo o dejas a todos hablando de ti. La imagen es clarita: entrar taconeando y salpicar el charco para que se note tu presencia. No siempre es malo, pero discreto no es, eso seguro.
"Llegó mi prima al carnaval con botas y actitud, y en cinco minutos ya traía a medio mundo bailando y chismeando. Esa morra sí sabe taconear el charco."