En Córdoba se usa para decir que alguien quedó re perdido, confundido o medio atontado después de algo intenso, como si el cerebro se le hubiera chocado contra el tabique. Puede ser por una noche larga, un susto, un quilombo sentimental o simplemente por estar colgadísimo. No es técnico ni nada, es pura jerga cordobesa con mucha onda.
Se dice de alguien que pasó la noche entera de carrete, sin dormir o durmiendo dos horas mal contadas, y al día siguiente anda hecho bolsa, con cara de zombi y cero batería. Es el típico estado de amanecida intensa, cuando el cuerpo está en la pega pero el alma sigue en la fiesta. Y sí, se nota.