En Asturias, decir que alguien es un paisano es llamarlo hombre de pueblo, de los de toda la vida: campechano, con retranca y sentido común de monte. No va de postureo, va de ser auténtico y apañarse con lo que haya. Puede sonar a piropo o a vacile, según el tono. Y oye, suele tener razón.
"Mira el Manolo: llega al chigre en botas, pide un culín y te arregla la persiana con una navaja. Ese sí que es un paisano de verdad."