Se dice de alguien que es buenísimo, noble y con un corazón enorme. Vamos, que no tiene maldad y siempre está dispuesto a echar una mano, aunque le venga regular. Es un piropo muy de aquí, de los que te dejan como un santo. Y oye, da gusto cruzarse con gente así.
"La vecina nueva me subió la compra sin conocerme y encima me dejó croquetas, es un cacho de pan."