En Chaco se usa para hablar del lugar donde se arma la previa antes de salir de joda, donde se juntan los pibes a tomar algo, charlar y cranear la noche. Es como el punto de partida de las mejores historias, donde se siembra el descontrol y después se cosechan anécdotas épicas. Y la verdad, cuando el semillero está bueno, la noche casi nunca falla.
En San Luis se le dice semillero al lugar donde se junta la gente a tirar chisme, sembrar rumores y agrandar quilombos. Puede ser una casa, un negocio o la vereda donde siempre hay mate y lengua filosa. Si querés saber el último culebrón del barrio, caés al semillero y salís con temporada completa.
En Tierra del Fuego, un semillero no es solo donde plantás lechuguitas, también es el punto de encuentro donde brotan chismes, anécdotas y quilombos varios. Es ese lugar donde se junta todo el mundo y siempre sale alguna historia nueva. Y hay que admitir que cuando se arma buen semillero, el chusmerío es un espectáculo.