Se dice con ironía para quejarse o lamentarse cuando pasa algo absurdo, cutre o injusto, como si el país entero fuera un circo. Vale para errores tontos, chapuzas, burocracia eterna o gente haciendo cualquiera. Es muy de comentario al aire, medio resignado, medio con bronca. Y sí, suele salir con un suspiro.
"Fui a hacer un trámite, se cayó el sistema, volvieron a las tres y encima me faltaba una fotocopia. Me fui mascullando: ¡qué país!"