Se dice cuando te pones las botas comiendo o bebiendo, de esos días en los que no hay freno y todo entra. Puede ser por gusto o por ansia, pero siempre con abundancia. En La Rioja suele ir pegado a un buen vino y una mesa larga. Vamos, que sales rodando y feliz.

"En la comida del pueblo nos pusimos finos: patatas a la riojana, chuletillas y dos botellas de crianza. Luego querían sobremesa y yo ya estaba pidiendo auxilio."

Se usa cuando alguien come o bebe a lo bestia, sin cortarse, hasta acabar reventado y feliz. En Andalucía suena todavía más gracioso porque el fino es un tipo de vino muy típico, así que el juego de palabras tiene su arte. Es de esas expresiones que ya te dan hambre solo de escucharlas, y eso siempre es peligroso.

"Quillo, fui a la boda de mi prima y me puse fino a jamón, gambas y rebujito, acabé bailando sevillanas con el camarero sin saber ni cómo."

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