Cuando alguien le pone energía o entusiasmo a algo, como que lo vive al máximo. ¡Nada de andar con ganas flojas!
Se dice cuando alguien le mete ganas y actitud a lo que está haciendo, sobre todo bailando o armando plan. Es como darle ese toque sabroso para que no quede todo frío y sin gracia. En Huila suena a elogio total: si le pones sabor, la gente se anima y el ambiente se prende.
En Colombia se dice para invitar a alguien a meterle más energía, alegría y actitud a lo que está haciendo. Es como decirle que se suelte, que le eche ganas y que lo disfrute sin pena. Se usa mucho en planes de rumba, pero también en el trabajo o el parche. Y sí, suena a que la vida necesita sazón.