Significa gritar fuerte para que todo el mundo se entere, ya sea para llamar la atención, regañar o avisar de algo urgente. En Trujillo es casi deporte nacional de las mamás y abuelitas cuando los chibolos se hacen los locos y no hacen caso. Y hay que admitir que a veces asusta, pero también tiene su gracia.
Se dice cuando alguien se pone a gritar, reclama fuerte o arma un dramón por algo, a veces por pura exageración. Es como “hacerla de pedo” pero más centrado en el grito y el escándalo. Muy de casa, de tía brava o de vecino metiche. Y sí, suele venir con regaño incluido.
Se usa cuando le hablás a alguien a los gritos para que reaccione, te preste atención o deje de hacerse el boludo. Es como subir el volumen al máximo para que no tenga excusa de que no te escuchó. Muy de cuando el otro está en otra, colgado mal, y vos ya te cansaste de llamarlo tranqui.
Se usa cuando alguien se enoja fuerte o se asusta mal y larga un grito que se escucha hasta en la otra punta del barrio. No es solo avisar algo, es explotar, retar o armar bardo con voz bien alta. Muy de vieja, jefe o profe que pierde la paciencia y hace temblar hasta al perro.