Se usa para decir que algo está finísimo, de categoría, que no se puede mejorar ni queriendo. Puede ser comida, un plan, una persona o lo que sea que te flipa muchísimo. Es como decir que está de lujo máximo, una delicatessen de la vida. Y la verdad, la expresión entra sola, como un buen bocado dulce.
Se usa para describir a alguien que presume ser genial y único cuando en realidad es bastante común.