Se usa para corregir lo que acabas de decir o para exagerar todavía más la idea, como si le metieras segunda vuelta al chisme. En Colombia se suelta muchísimo en conversaciones informales, casi sin pensarlo. A veces ni corrige nada, solo sirve para darle más sabor a la frase, y hay que admitir que queda bastante sabroso.
Se usa para corregirte o matizar lo que acabas de decir, como cuando te das cuenta de que la primera frase se quedó corta. Es un “o sea” con freno de mano: vuelves, ajustas y lo dejas más claro o más preciso. También sirve para rematar una idea con más exactitud, sin tanto drama.