Se dice cuando alguien se pega un hostión bueno, un porrazo de los que hacen ruido y te dejan el orgullo por el suelo. Vale para caídas, golpes o mini accidentes tontos, normalmente contados con cachondeo. Es más suave y gracioso que soltar un taco, pero la castaña duele igual, eso seguro.
"Iba el Juan en bici a toda pastilla, se comió el bordillo y se mandó una castaña que flipas. Se levantó como si nada, pero el manillar quedó para el arrastre."