Se dice cuando te juntás con la banda y te armás un asado tranqui, de esos que arrancan con una picadita y terminan con sobremesa eterna. Implica comer como campeón, tomar algo y pasarla de diez, sin apuro. En Mendoza suele venir con vino y charla larga, porque si no, no cuenta.
Se dice entre amigos cuando pinta juntarse a comer un asado sin tanta organización ni ceremonia. Es un plan simple y ganador: prender la parrilla, tirar unos choris o un vacío, charlar de cualquier cosa y alargar la sobremesa. Suena a invitación relajada, de confianza, y casi siempre termina en anécdotas y humo en la ropa.