En Moquegua se usa para hablar de alguien que vive al límite entre la responsabilidad y la vagancia total. Está como en la frontera entre cumplir con lo justo y pasarse de relajado. No siempre es insulto, a veces se dice medio en broma, medio en serio, sobre todo cuando el pana se hace el loco con las obligaciones. Y hay que admitir que describe muy bien a más de uno.
Se dice cuando alguien está al límite, ya sea de paciencia, plata o aguante. Vamos, que está a nada de explotar o de quedarse sin un peso. Es como ir caminando por la rayita pintada en el piso: un pasito más y te pasas. Útil para avisar que no es buen momento para tentar la suerte.